miércoles, 24 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad!

Como a las 00 no voy a poder subir nada, les dejo esta historia que leí en tumblr, me encantó y quería compartirla con ustedes que leen la novela y desearles una feliz navidad. 
Gracias por leerme a pesar de tanto tiempo sin subir, son lo más. Nos leemos pronto♥

Soy la chica del departamento 308, vivo sola y soy muy antisocial, hay un chico en el departamento del frente, en el 305, sale a trotar por las mañanas y cuando nos encontramos en el ascensor o saliendo de nuestros departamentos, nunca me saluda, me mira de abajo hacia arriba, inclina la cabeza y se va, es guapo, me gusta la cicatriz de su cuello que siempre trata de ocultar, pero él nunca se fijaría en mi, no soy bonita, soy un poco gorda, no soy muy alta, mis ojos son oscuros igual que mi pelo, y mi cara pálida hace que me vea deprimida.
Se viene navidad, llamé a mis padres para saber si podrían venir, pero estaban ocupados, llamé a mi hermana y dijo que ese día tenía mucho trabajo, que nos veríamos en año nuevo.
Una navidad sola... Otra vez.
El día de navidad yo tenía mi árbol listo, pero no habían regalos, ni cena, ni mucho menos gente.
Cuando ya estaba más que deprimida el timbre sonó, fui a ver y no había nadie, cuando miré el suelo había una carta: "Para la chica del 308"
Abrí la carta y decía:
"Hola, ninguno de los dos conocemos nuestros nombres, pero te veo la mayoría de los días, hoy es navidad y me di cuenta que nadie toco tu puerta ni recibiste a nadie, igual que yo. Nunca tengo el valor de hablarte, pero pienso que eres muy bonita, me gustan tus curvas, también la forma en que te sonrojas cuando me ves, tu piel me recuerda a las nubes, es muy linda, tu pelo negro combina con tus ojos, y eso me encanta, me doy cuenta que siempre tratas de ver la cicatriz de mi cuello, me da vergüenza, por eso siempre trato de esconderla de ti, pienso que te desagrada o lo consideras raro. Me gustaría conocerte más, si es que quieres, visítame, también estoy solo. Atentamente: El chico del 305" 
No podía creer lo que había leído, no espere más, tome un pan de pasas y fui a tocar el timbre del 305, me abrió el chico lindo, se tapo la cicatriz con la mano y miro al suelo, tome su mano y la alejé de su cicatriz, le sonreí y me di cuenta que si estaba solo: "¿me acompañas a un pan de pasas?" No sabía que otra cosa decir, tomó el pan, lo dejó en el suelo y me besó, no esperaba eso, pero cuando se separo me dijo: "Me alegra que hayas venido, bonita. Feliz navidad."

-60.

Era sábado, un día después de que mi mamá encontró a Isabella. Con Pedro teníamos un plan con ella esta vez, no iríamos a nuestro lugar hoy, iríamos al cine con Bella.

Por lo visto, Pepe se había encariñado bastante –como todos- con Isabella, y ayer de noche mientras nos mandábamos mensajes me dijo sobre su idea y yo acepté feliz ya que quería que Isabella tuviera toda la diversión que le faltó antes.

Ella durmió conmigo anoche, ya que mi cama era bastante grande y había lugar de sobra para ambas. Al principio estaba tensa y se mordía el pulgar, pero luego se acostó cuando le dije que no me gustaba mucho dormir sola –lo cual era cierto desde que Pedro se quedaba a dormir.

Ahora se estaba cambiando arriba con la ropa que mi mamá había ido a comprarle más temprano mientras nosotros –papá, mamá y yo- hablábamos en el comedor.

—Creo que tenemos que tomarnos un tiempo más y pensarlo claramente antes de hacer algo —dijo mi papá quien siempre tenía esa manía de cuestionar todo hasta estar realmente seguros.

—No tengo corazón para llevarla de nuevo Miguel —dijo mi madre y yo asentí de acuerdo.

—Yo tampoco papá, la quiero con nosotros —dije y el suspiro, sabía que él también quería pero tenía que jugar al abogado del diablo primero.

—Solo piensen en todo primero si? —dijo él— que ella se quede implica que tiene que ir al colegio, tenemos que acomodar los horarios para que no se quede sola cuando todos estamos afuera, tiene que tener un lugar fijo para dormir y lo principal tiene que querer quedarse ella.

—Se que es mucho mi amor —mamá suspiro antes de seguir—: pero se que si ella quiere y nosotros tres queremos que se quede, puede hacerlo. Al resto le encontraremos solución.

Mi mamá siempre sabía como relajar a mi papá, el asintió con la cabeza resignado.

—Bien tenía que ser la parte razonal un momento, pero es cierto que también quiero que se quede, esa pobre nena ya pasó por mucho —dijo negando con la cabeza.

—Debe haber una manera de que no pierda el año de colegio, el dinero para mantenerla tenemos, yo creo que ella quiere quedarse y con respecto a la habitación… —mi mamá se tomo un minuto para respirar profundamente antes de hablar—: podemos hacer de la habitación de Gonza, la de ella.

Apenas lo terminó de decir se le cayeron algunas lágrimas, como a mi. Que dijera eso, que aceptara quitar finalmente las cosas de mi hermano de su habitación era algo grande, lo estaba dejando ir, lo estábamos dejando ir. Nunca lo olvidaríamos, jamás. Pero el entrar a esa habitación después de un año y medio sería seguir adelante, vivir con su ausencia, aceptarla, extrañarlo y mirar para adelante.

Sin poder aguantarlo fui hasta ella y me arrodille para abrazarla, nos quedamos derramando lagrimas durante un tiempo hasta que sentí a mi papá dejar una mano en mi hombro.

Con mi mamá nos levantamos para abrazarlo también.

—Ya estoy —escuchamos una voz bajita viniendo del living.

Miramos a Isabella quien llevaba un vestido azul muy bonito, nos miramos los tres de nuevo y sonreímos un poco mientras mi madre y yo nos limpiábamos las lagrimas rápidamente.

—Por qué lloran? —dijo Bella meneando la cabeza a un lado.

—Por nada chiquita, estas muy linda —dijo mi mamá ya casi sin rastro de lagrimas.

—Sí, Bella estas hermosa —asentí de acuerdo, ella se sonrojo un poco y miro hacia abajo.

—Concuerdo con las damas —dijo mi papá y sonrío.

—Gracias —dijo Isabella mirándonos.

Y yo sabía que Gonzalo la miraba desde arriba sonriendo también.

***

Pedro llego una hora después, y luego de despedirnos de mis padres nos subimos a su auto.

—Como estuvo su día señoritas? —preguntó Pedro con un tono de diversión en su voz. Espere a que Isabella responda.

—La Señorita Ale me compro un vestido —dijo ella, su voz era tan tierna que quería abrazarla. Con Pedro reímos por lo de “señorita”, ella seguía llamando así a mi madre no importa lo mucho que le haya dicho que sólo la llame Ale.

—Y comimos muy rico —agregue y me gire para guiñarle el ojo a Isabella quien asintió de acuerdo.

—Y tu día? —escuchamos la voz de Isabella luego de unos momentos en silencio, con Pedro nos miramos sonriendo ya que era un gran logro que ella hablara así con soltura.

—Bueno no me compraron ningún vestido pero comí rico también —dijo Pedro y con Isabella reímos.

—Yo te lo voy a comprar Pepe—dije graciosa.

—Gracias mi amor —dijo el guiñándome el ojo y agarrando mi muñeca para dejar un beso en la palma de mi mano y luego dejar entrelazados nuestros dedos.

Para cuando llegamos al cine Isabella miraba curiosa todo a su alrededor y con Pedro no hacíamos más que darnos miradas sonriendo y algún que otro beso.

Compramos muchas cosas dulces –Isabella era una fanática del chocolate como yo- y luego entramos a la sala de cine.

Isabella se colocó en el medio nuestro sin decir nada y nosotros solo sonreímos porque estaba bien, este era su momento no el nuestro.

Cuando la película termino Isabella estaba sonriendo como loca, se encontraba realmente feliz ya que era su primera vez en el cine. Comentaba –increíblemente- sobre la película con nosotros mientras volvíamos a mi casa.

Cuando la dejamos junto con mi papá y mamá nos abrazó fuerte a ambos diciéndonos gracias.

Con Pedro volvimos a su auto tomados de la mano, nos subimos y aunque casi ya terminaba la tarde fuimos a nuestro lugar.

Cuando estacionó el auto me abrió la puerta y antes de que pudiera comenzar a caminar me sostuvo contra el auto con  sus manos en mi cintura.

—Primero algo —dijo y luego aplastó sus labios con los míos. No era uno de los cortos besos que nos habíamos dado antes, era uno lleno de todo.
Ambos tirábamos del otro tratando de acercarnos más hasta que no hubo solo un centímetro que nos separara.
Nuestras lenguas se hicieron parte y yo no podía pensar en nada más que besarlo.

Finalmente nos separamos jadeando por aire y él acuno mi mejilla mientras me miraba fijamente.

—Soy adicto a tus labios —dijo mirando entre mis ojos y mis labios.

—Yo de los tuyos —respondí suspirando.

Acerco sus labios nuevamente esta vez besándome pausa y dulcemente para luego dejar un beso en mi frente y comenzar a caminar.

Llegamos a nuestro pequeño escondite justo cuando estaba atardeciendo, me senté en césped mientras miraba a Pedro dejar a un lado una de esas lamparas que nos daban mejor luz que una linterna.

—Me abrazas? —dije cuando vi que se acercaba para sentarse junto a mí.

—Siempre. —dijo colocándose atrás mío con sus piernas a mis costados, abrazándome por la cintura, entrelazando ambas de sus manos con las mías.


Nos quedamos así viendo el atardecer hasta que el sol se escondió por completo y la única luz que teníamos era la de la lámpara.

**
Quería dejarles un capítulo antes de la noche buena y acá está, espero que les guste y comenten si quieren ja. 
PD: LEAN LA ENTRADA SIGUIENTE♥

domingo, 21 de diciembre de 2014

-59.

Un día llegue a casa del colegio y cuando entre a la cocina me encontré con dos ojos azules enormes mirándome con cierto temor. Una niña de, supongo, unos seis años me miraba retorciéndose las manitos. Incliné la cabeza a un lado mientras millones de preguntas se me cruzaban en la mente y no podía ver a mis papás cerca para que las respondieran.
La niña tenía ojos azules de bebé y el cabello castaño claro enmarcando su rostro con risos sucios. Ella estaba sucia, y no tenía la mejor ropa. Me acerqué lentamente hasta ella y me arrodille en frente suyo.

—Hola hermosa —dije sonriendo tratando de parecer lo más amigable posible.

—Hola —dijo ella bajito, tenía una dulce voz.

—Me llamo Paula —dije ofreciendo mi mano— vos…? —presione un poco para que me dijera su nombre.

—Isabella —respondió en el mismo tono que el anterior de nuevo, mirando hacia mi mano extendida con temor, la baje de nuevo.

—Isabella, que bonito nombre —y justo cuando no sabía que más hacer con ella escuche pasos viniendo detrás.

—Veo que ya se conocieron —escuché la voz de mi madre antes de pararme y ponerme entre ellas dos.

—Mmm sí, me encontré con Isabella hace un ratito, justo te iba a buscar —dije dándole una mirada cuestionadora, a la cual respondió con otra mirada que significaba que tenía que esperar para las explicaciones.

—Mira Bella encontré esta ropa vieja de Pau en el fondo de mi armario —dijo mi mamá con su voz más dulce de lo habitual— no queres ir a bañarte un rato? —preguntó.

Isabella asintió lentamente y tomo la mano que mi mamá le estaba ofreciendo.

—Voy a llevar a Isabella hasta el baño y vuelvo —dijo mientras se marchaba hacia arriba.

Tenía sed y mientras que ella fue con Isabella me serví un vaso de jugo de naranja.

Me senté en una de las sillas en el comedor y minutos después bajo mi madre de nuevo.
Se sentó enfrente a mi y comenzó a explicarse.

—La encontré en la calle —suspiró mientras se frotaba la frente— estaba en la esquina de un callejón llorando, yo escuche los sollozos y sin poder contenerme fui a ver de donde provenía. Era ella Pau, se había escapado de un Hogar hacía un día y lloraba porque estaba asustada. —mi mamá se tomó un minuto para inhalar y exhalar— Ella no quiere volver al Hogar, me suplicó que no la llevara devuelta y yo no pude hacer otra cosa que traerla acá me dio tanta pena hija —a mi madre se le caían algunas lágrimas y pude sentir las mías también. La debilidad de mi mamá eran los niños y yo heredé eso de ella.

—Qué va pasar con ella? —tuve que preguntar.

—No sé, quiero saber mejor porqué ella no quiere volver, no puedo solo llevarla ahí si algo le están haciendo —dijo y yo asentí porque tenía razón.

—Se ve muy tímida y atemorizada —dije recordando nuestra pequeña presentación.

—Tuve la suerte de que confiara en mi —dijo mi madre, pude notar cierto brillo en sus ojos, y en ese mismo momento supe que no se daría por vencida con Isabella.

Mi madre volvió a subir para ver cómo se encontraba Isabella y luego de largos minutos ambas bajaron.

—Almorzamos chicas? —preguntó mi mamá mirándonos a las dos una vez que Isabella se sentó –sorpresivamente- a mi lado.

Ambas asentimos y mi mamá entro a la cocina para poder servirnos la comida.

Me gire un poco para mirar a la dulce niña de ojos azules de nuevo, ella era tan linda que me daban ganas de abrazarla, yo quería que ella me tuvieran aunque sea un poco de confianza por lo que traté de iniciar una conversación.

—Entonces Bella, te puedo decir Bella cierto? —pregunté por las dudas, ella asintió mirándome fijamente. — bueno, yo tengo dieciocho años y vos? —fui por lo fácil primero.

—Seis —dijo ella bajito.

—Seis? Guau yo pensé que tenías ocho —dije guiñando el ojo, los niños siempre querían ser más grandes, me gané una sonrisa por mi especie de broma, decidí seguir y tentar mi suerte para ver si seguía respondiendo—: Mi cumpleaños es el seis de septiembre y el tuyo?

—El diez de octubre —dijo ella elevando un poquito más su voz.

—Esta cerquita —mencioné lo obvio, ella asintió.

—Y el tuyo fue hace poco —dijo y yo sonreí mientras asentía, ya que era lo primero que decía sin que le tuviese que preguntar nada.

—Sip, fue hace una semana —dije y entonces seguí con mi sutil cuestionario— lo que más me gusta hacer es leer y cantar, y a vos?

—A mi me gusta bailar —dijo ella y yo asentí, poniéndole fin a nuestra pequeña conversación ya que mi mamá se acercó con dos platos poniéndolos enfrente nuestro y luego fue por el suyo.

—Gracias Señorita —dijo hablando bajito de nuevo Isabella y con mi mamá reímos.

—Me alagas Isabella me alagas —dijo mi mamá graciosa sonriendo.

Las tres comimos mientras mi mamá hacía una que otra pregunta sutil –como lo estaba haciendo yo antes- a la niña, ella respondía hablando siempre bajito mientras comía gustosamente su comida.

Nos contó como se llamaba el Hogar del cual se escapó, nos contó que sus padres habían muerto en un accidente cuando ella era muy chiquita –como si no lo fuera ahora- y que la llevaron al Hogar porque no tenía ninguna otra familia –que supieran al menos.

Mientras ella hablaba yo me mordía la lengua para no llorar frente a ella, y pude notar que mi mamá estaba haciendo lo mismo. No era justo que alguien tan chiquito ya tuviera que pasar por tanto.

Para cuando terminamos de comer ofrecí a Isabella para ver la televisión un rato, le dije que me esperara un rato mientras la dejaba en el sofá y fui hasta la cocina donde mi mamá se encontraba.

Apenas nos miramos ambas asentimos con la cabeza.

—Tengo que hablar con tu papá —dijo ella y yo volví a asentir.

—Vos tenes que volver al trabajo ahora no? —pregunté aunque ya sabía la respuesta.

—Sí, no se que hacer con ella mientras, justo hoy no puedo faltar —dijo ella y yo supe lo que haríamos.

—Voy a llevarla con nosotros al ensayo —dije decidida y mi mamá asintió con la cabeza notoriamente agradecida.

Cuando volví al living escuché a Isabella riendo y sonreí.

—Bella tengo un propuesta —dije sentándome a su lado, ella se giro para mirarme y seguí—: bueno mi mamá tiene que volver al trabajo ahora y yo tengo que ir a ensayar algo en mi colegio —dije y pude ver que su rostro cayo, ella creía que la íbamos a dejar, rápidamente me obligué a seguir—: entonces mi propuesta es si queres venir conmigo a ver el ensayo, va haber gente bailando —traté de llegar a ella por donde ahora sabía era su debilidad, el baile.

Su rostro se iluminó cuando mencione eso, y pude verla sonreír un poco mientras asentía.


—Muy bien, no te conté hace rato pero yo tengo novio —dije y sus ojos curiosos me regresaron la mirada.

—En serio? —pregunto un poco emocionada, supuse que eran una romántica desde chiquita.

—Sip, se llama Pedro y es muy bueno —dije ya que no quería que le tuviera miedo— él va pasar en una hora a buscarnos esta bien?

—Esta bien —dijo ella asintiendo y yo sonreí.

Seguimos viendo la tele después de eso, vario tiempo después, luego de que mi mamá se fuera, yo fui arriba para cambiarme de ropa por algo más cómodo ya que Pedro no tardaría en llegar.

Baje de nuevo justo cuando el timbre sonó y fui a abrir la puerta primero para explicarle minimamente la situación a Pedro antes de que viera a Isabella.

Abrí la puerta y él estaba ahí sonriendo como siempre.

—Hola hermoso —dije guiñándole el ojo y el río.

—Esa es mi línea —dijo él y esta vez reí yo.

Me acerqué a darle un beso y cuando nos alejamos rápidamente le conté lo que sucedió cuando llegue a casa.

—Y no les contó por qué no quiere volver? —preguntó él cuando termine de contarle. Se veía preocupado por la niñita tanto como yo.

—No, todavía no, pero se que va contarle pronto a mamá —dije y realmente quería creerme.

—Es tan triste que haya tenido que pasar por tanto siendo tan chica —dijo el negando con la cabeza, para luego suspirar y sonreír— bueno entremos que quiero conocerla.

Le di un último beso, porque esta parte de él que desconocía un poco me hacía enamorarme aún más.

De la mano entramos y fuimos hasta el living donde estaba una Isabella muy concentrada mirando la televisión.

Me arrodille frente a ella para captar su atención.

—Bella te presento a Pedro, mi novio. Pedro esta es Isabella —dije y Pedro se arrodillo junto a mi.

—Hola Isabella mucho gusto —dijo él tendiéndole la mano, la cual ella acepto tímidamente.

—Hola Pedro —dijo ella bajito y nos hizo sonreír a los dos.

—Venis con nosotros? —preguntó él aunque ya sabía que sí, ella asintió— bueno vamos entonces.

Nos paramos y tendimos nuestras manos hacia Isabella quien acepto nuestra ayuda para pararse.

Subimos en el auto, con Isabella atrás y nos dirigimos hacia el colegio.

—Tenes alguna música favorita? —preguntó Pedro apenas puso en marcha el auto. Isabella asintió.

—Manuelita —dijo ella y con Pedro reímos.

—Bueno lastimosamente esa canción no la tengo pero voy a poner una y me decis si te gusta si? —ella asintió de nuevo.

Pedro puso Imagine de John Lennon y unos segundos después pudimos notar por el retrovisor que Isabella movía la cabeza a ritmo con la música.

Ambos nos miramos y sonreímos.

Cuando llegamos al colegio ayude a Isabella a bajar y fuimos con ella en medio sosteniéndonos las manos a ambos, hasta donde ensayábamos.

Cuando llegamos todos nuestros compañeros ya se encontraban ahí y simplemente les dije que traía a una amiga para ser nuestra juez, todos rieron y le dieron una cálida bienvenida a Isabella quien sonrío de vez en cuando.

Pude notar a Isabella bastante concentrada mientras ensayábamos, y siempre que sonaba alguna música ella movía su cabeza al ritmo como lo había hecho en el auto.

—Es muy tierna —dijo Pedro mientras me abrazaba desde atrás, notando que miraba en dirección a Isabella.

—Lo sé, espero que mamá y papá encuentren una solución —dije y lo decía sinceramente, no quería que esa hermosa niñita sufriera más.

—Estoy seguro que la van a encontrar —dijo Pedro dejando un corto beso en mi cuello.

Me gire hacia él y uní nuestros labios sin ninguna razón más que porque quería hacerlo.

Nos besamos hasta que un compañero silbo y nos llamó porque eran nuestro turno.

***
Tuve que explicarle a Zaira toda la situación con Bella cuando terminó el ensayo, ella me conocía mejor y sabía que no era una simple “amiguita” como había dicho cuando llegamos.

Cuando terminé de contarle todo e intercambiamos algunas palabras más, nos despedimos y fui hasta donde Pedro e Isabella me esperaban, al parecer, teniendo una conversación.

—Ya estoy —dije llegando hasta ellos, ambos se pararon.

—Vamos a ir a tomar helado —anunció Pedro mientras caminábamos hacia el auto.

Yo acepte sin ninguna objeción y pude ver que Isabella sonreía.

Fuimos en busca de helado y lo llevamos a casa.

Vimos una película los tres juntos y cuando termino Pedro se fue diciéndome que era mejor que estemos los tres solos –mi mamá, mi papá y yo- para hablar sobre la situación de Isabella.

Mi mamá me había informado por mensaje que llevaría a mi papá a merendar afuera así podía explicarle todo sin que Isabella escuchara.

Antes de que llegaran ya preparé a Isabella un poco diciéndole que mi mamá llegaría junto con mi papá en un rato, ella simplemente asintió.

Cuando llegaron mi papá se presento a Isabella siendo más dulce –también- que de lo habitual.

Ella hasta inclusive le sonrío un poco, cosa que nos hizo sonreír por completo a nosotros tres.

Le dijimos a Isabella que se quedara un rato viendo la tele mientras nosotros hablábamos un rato en la cocina.

Al parecer no teníamos tanto de que hablar –por el momento- ya que los tres estábamos de acuerdo en que queríamos que Isabella se quedara. Solo faltaba solucionar la parte legal.


**

"Las mejores ideas surgen después de media noche." nunca más de acuerdo con J.K. Rowling, son las 4am nada.
Si alguien comenzó a leer y quiere que le pase la nove cuando suba avisenme por twitter (@fatipauliter) y si tienen ganas comenten, es lindo leer los comentarios saben, bueno chau gracias por leer la nove♥

miércoles, 17 de diciembre de 2014

-58.

¡Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, en tu día dichoso, que los cumplas feliz!

Así fue como me desperté la mañana de mi cumpleaños, bostecé y me refregué los ojos para luego abrirlos.
Mamá, papá, Zaira y Pedro me miraban sonriendo, todos sostenían algo en sus manos, mamá una torta, papá una caja grande envuelta en papel de regalo, Zaira una bolsa de regalo que ya creía estar segura lo que era, y Pedro un ramo enorme de peonias (mis flores favoritas).

Me quedé mirándolos un segundo más antes de sonreírles de vuelta.

—No hacía falta todo esto—dije a medida que me dejaban los regalos en la cama.

—Cuando veas lo que hay dentro de estos —dijo mi amiga señalando su regalo y él de mis papás— no vas a decir lo mismo —guiño el ojo y todos reímos

—Ahora todos nos vamos a ir abajo, preparate rápido que el desayuno esta listo —dijo mi mamá y segundos después se machó después de dejar un beso en mi frente.

Papá imitó el gesto y se fue también, Zai me dio un abrazo enorme antes de irse y dejarme un rato sola con Pedro.

Él se acerco a cama, se sentó y me tiro en un abrazo que quería nunca tener que terminarlo, respire su aroma, y suspire por gusto.

Nos separamos y él acaricio mi mejilla izquierda un segundo antes de besarme, fue un beso dulce y lento, y cuando nos separamos, ambos estábamos sonriendo.

—Feliz cumpleaños mi amor —dijo dejando un corto beso más.

—Gracias Pepe, y gracias por las peonias —dije mirando las flores, él negó con la cabeza.

—Este es el comienzo recién, ahora voy a bajar, porque por mucho que me gusta la idea de ayudarte a vestir, creo que tu papá no lo aprobaría —dijo guiñando el ojo y luego yéndose.

Cuando bajé un tiempo después todos ya estaban en la mesa, me senté al lado de Pedro y fue imposible no desviar la vista hacia aquel lugar vacío en la mesa, el lugar que siempre pertenecería a Gon. Inevitablemente se me escapó una lágrima, la cual rápidamente limpié esperando que nadie se diera cuenta. Dí una mirada a mi alrededor y suspire de alivio al ver que mis papás y Zai no lo notaron, pero por el apretón en mi rodilla que recibí del costado supe que Pedro si lo hizo.
Lo miré y él me sonrío levemente, luego dejó un largo beso en mi sien.

***
Luego de que desayunáramos fuimos al colegio en el auto de Pedro.
El resto del día fue casi normal como podía ser a excepción de los saludos que recibía de mis compañeros o algunos profesores.

Cuando tocó el último timbre, Pedro me agarro de la mano y me llevó hasta su auto, diciéndome que Zaira y Hernán nos alcanzarían en un rato.

Pensé que iríamos a comer los cuatro juntos por lo que me sorprendí cuando noté que estábamos yendo a mi casa.

Cuando estacionó se bajo y luego abrió mi puerta, caminamos hasta la entrada de la mano, abrí la puerta y en cuanto vi la sala me eché a correr a los brazos de mis abuelos.

—Feliz cumpleaños princesa —dijo mi abuelo cuando nos separamos.

—Gracias abuelo —sonreí feliz.

—Feliz cumpleaños mi vida —dijo mi abuela mientras me agarraba las mejillas, apretándolas, típico de ellas.

—Gracias abuela —la volví a abrazar— que sorpresa, no los esperaba! —no podía dejar de sonreír.

—No queríamos faltar a los dieciocho de nuestra nieta —dijo mi abuela como si fuera una obviedad.

Luego habló más despacio, solo para que yo escuchara, y tal vez mi abuelo.

—Veo que seguiste mi concejo —mirando hacia atrás.

Recién en ese momento me acordé que deje a Pedro parado en la puerta.
Me gire hacia él haciéndole señas para que venga y se acerco sonriendo.
—Abuelos este es Pedro, mi novio. Pedro estos son mis abuelos Martha y Juan.

—Un gusto Pedro —dijo mi abuelo estrechando su mano.

—Lo mismo digo Señor —conocía a Pedro y podía notar que estaba un poco nervioso.

—Decime Juan no soy tan viejo —dijo mi abuelo guiñando el ojo.

—Juan —dijo Pepe asintiendo con la cabeza, mientras se giraba para saludar a mi abuela quien inmediatamente lo abrazo.

—No sabes como me moría de ganas de conocerte —dijo mi abuela y yo sonreí aún más si podía.

—Yo también Señora —siempre respetuoso él.

—Yo tampoco estoy tan vieja —dijo soltándolo y Pedro río.

—Martha? —preguntó dubitativo pero sonriendo.

—Martha —asintió mi abuela.

Un tiempo después llegaron Zaira y Hernán y después de un rato de estar todos juntos en el living, fuimos a almorzar.

***

No fue hasta de tarde que mis abuelos se fueron, no sin que antes mi abuela se llevara a Pedro a un lado para hablar con él a solas, me moría de ganas de saber sobre que hablaron pero ni ella ni Pedro dirían nada.

Un tiempo después Pedro me dijo que fuera a prepararme porque volvería en un rato para llevarme a cenar.

Una hora después ambos estábamos sentados en aquel restaurante donde me había llevado a nuestra primera cita, el restaurante en el cual también solíamos venir a menudo cuando eramos cuatro.

No me dio tanta tristeza como pensé que lo haría en el momento en que atravesamos la puerta. Pedro había reservado un lugar para nosotros y quería disfrutarlo completamente, así es que decidí centrarnos solo en nosotros dos.
Tuvimos una cena magnifica hablando de todo y nada, como siempre.

Cuando terminamos fuimos a caminar por los alrededores de un parque, Pedro me hizo sentar en un momento y saco una cajita rectangular de su bolsillo.

Cuando la abrí había una brazalete de plata con un micrófono y una guitarra entrelazados, lo admire por un tiempo y luego mire hacia Pedro.

—Te gusta? —preguntó dubitativo.

—Me encanta Pepe, y lo entiendo completamente —dije emocionaba, era como una fusión de nosotros en un brazalete.

—Me alegro que lo entendieras no quería regalarte solo algo, quería que significara algo.

—Me encanta —susurré de nuevo y luego lo besé— te amo, gracias por estar todo el día conmigo.

—Siempre mi amor —me besó una vez más y luego se aparto para hablar de nuevo— debajo de la cajita hay algo que hice para vos, no es la gran cosa pero leelo cuando estes sola.

—No puede ser ahora? —dije haciendo un puchero, el cual el besó por supuesto.

—Mmm no, la próxima vez puede que te lo lea yo, pero como es la primera… —se encogió de hombros rascándose la nuca, yo asentí porque sabía que si él hacía eso era porque estaba nervioso y no quería eso.

—Esta bien —dije y lo abrace— gracias de nuevo.

—No hay nada que agradecer mi amor, te amo —dijo y luego beso mi frente.


Nos quedamos un rato más ahí solo disfrutando del otro, hasta que Pedro dijo que ya nos teníamos que ir.

Me dejo frente a mi puerta, y le hice prometerme que volviera más tarde.

Apenas llegué a mi habitación, cerré la puerta y me senté en la cama para poder ver lo que había debajo de la cajita.

Era un papel doblado con algo escrito en él, cuando terminé de leerlo tenía lágrimas en los ojos, nadie nunca me había escrito nada y menos algo así, creo que lo amé incluso aún más, si eso era posible.

Tiempo después cuando entro por mi ventana, lo abracé por un largo tiempo susurrándole cuando lo amaba.

Esa noche me dormí con mi cabeza en su pecho, pensando en Gonzalo y de cuánto me estaba cuidando desde arriba.


*papel doblando y metido debajo de la cajita del brazalete*:

Desde niño siempre quise volar
Yo tenía la ilusión de algún día tocar el cielo

Desde niño siempre quise escalar
Yo tenía la ilusión de llegar hasta la cima del lugar más alto

Desde niño siempre quise cantar
Yo tenía la ilusión de enamorar a las personas con mi voz

Desde niño siempre quise triunfar
Yo tenía la ilusión de algún día sentir satisfacción por haber logrado algo

Desde niño siempre quise amar
Yo tenía la ilusión de mirar a alguien como mi papá miraba a mi mamá, como si él daría la vida por ella, como si ella fuera su todo

Desde niño siempre quise todas esas cosas
Y ahora que te tengo
Pienso que, en verdad
Todo lo que siempre quise es a vos.


Te amo cada día más.
Tuyo para siempre, Pedro.



 **


Dos capítulos en una semana WO qué es esto.

martes, 16 de diciembre de 2014

-58.

Un par de semanas pasaron, cada vez faltaba menos para la realización de la obra de clausura que veníamos preparando desde hace unos meses.
Desde hace dos semanas comenzamos a ensayar todos juntos para ensamblar , en nuestro caso, las músicas que cantábamos con el cuerpo de baile.

Entre en el colegio, los ensayos y luego el gimnasio no tenía tiempo para nada.

Por lo que Pedro solía quedarse algunos días un rato demás luego de volver del gimnasio juntos ya que era el único momento que teníamos solos.

Solo nos acurrucábamos juntos y fingíamos ver una película, o hablamos de todo un poco, a veces simplemente nos mirábamos por un rato sintiendo la compañía del otro.
Momentos que siempre eran interrumpidos luego de una hora, cuando mi papá bajaba y se ponía “a ver la televisión” con nosotros (aunque todos sabíamos que no estaba haciendo exactamente eso ya que tenía una arriba en su habitación también).

A él solo le gustaba molestarnos ya que después de un rato de estar así se levantaba, miraba su reloj y decía “uf que tarde es” e iba hasta la cocina, clara señal para Pedro de que tenía que retirarse.
Íbamos hasta afuera tratando de contener la risa y cuando atravesábamos la puerta rompíamos a reír.

—Es tan obvio —dije en una de esas ocasiones aún riendo.

—Por lo menos nos da una hora —sonrío y me agarro por la cintura.

—Sí pero en las vacaciones va tener que acostumbrarte a ver tu cara mucho más —había dicho, mientras enredaba mis manos en su nuca.

—Totalmente de acuerdo —dijo y luego unimos nuestros labios.

Siempre nos quedábamos un rato ahí solo besándonos hasta que sabíamos que si no se iba mi papá pronto saldría.

Cuando volvía de despedirlo mi papá siempre estaba ahí viéndose todo inocente. Y ambos reíamos.

No podía enojarme con él ni aunque quisiera así que siempre terminaba dándole un beso en la mejilla y yendo a mi habitación luego.

Pedro se coló por la ventana un par de veces en esos días.

A veces le pedía que me cante una canción para dormir y me quedaba dormida así mientras escuchaba su voz tarareando una melodía casi en un susurro.

***

Hoy es el primer lunes del mes de septiembre, un mes que alguna vez llego a ser mi favorito, pero que después del desgarrador suceso del año pasado se había convertido en el mes que más odiaba, un poco irónico quizá ya que era el mes de mi cumpleaños.

Yo sabía que esta semana no iba a ser buena para mi, demasiados recuerdos, demasiada culpa, la carga de la muerte de Gonzalo estando presente más que otros días.

No sabía como iba a lidiar con todo eso, pero solo esperaba no lastimar a nadie más en el proceso.


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Fui al baño en el primer receso para lavarme la cara y ver si funcionaba de algo en relajarme, dejar de pensar y concentrarme en las clases.

Me miré fijamente en el espejo, unos ojos verdes sin ningún tipo de emoción me regresaban la mirada. Solía ser buena leyendo a los demás al mirarlos en los ojos, pero nunca pude hacerlo conmigo misma, y ahora mismo me preguntaba qué decían mis ojos.
Si trasmitían todos esos sentimientos encontrados que estaba sintiendo.
Porque una parte de mí, la más pequeña, quería convencerse de que estaba bien vivir, sonreír, ser feliz.
Pero la otra parte, la que ocupaba más lugar en mis pensamientos, me decía que era egoísta viviendo mientras mi hermano tendrá para siempre dieciséis años. Él no va disfrutar nunca del sentimiento de estar enamorado, ni el de cometer locuras, errores, para luego remendarlos. Nunca va casarse, ni tener hijos, nada.

Lágrimas caían de mis ojos y rápidamente me metí dentro de uno de los cubículos del baño, no quería que nadie me viese llorar, no quería la lástima de nadie, no la merecía.

Me obligué a recomponerme y para cuando las lágrimas pararon salí de nuevo, mientras me estaba lavando la cara alguien entró al baño.

Sabía que era Zaira antes de girarme y dar con ella.

—No otra vez Pochi —dijo negando con la cabeza y mirándome tiernamente.

—No otra vez qué? —fingí que no entendía pero ella me conocía mejor.

—Estas volviendo a caer, hace casi un año estábamos casi en lo mismo si recuerdo bien —y tenía razón, hace un año estaba peor, solo Zaira sabía, porque era muy buena escondiéndolo para el resto.

—No pasa nada sólo me sentí mal —intenté una vez más convencerla, aunque sabía que era inútil.

—Dale Paula —me reprochó— toda la vida siendo tu amiga y todavía intentas mentirme —negó con la cabeza y yo suspire derrotada—

Se acerco a mí y me apretó un abrazo que no sabía, pero lo necesitaba. Mientras nos abrazábamos ella siguió hablando.

—No podes culparte toda la vida amiga, los accidentes pasan y esa noche les tocó a ustedes, nada es culpa tuya Paula, ni siquiera manejabas —dijo las palabras con tanta firmeza que quise creerla, pero no podía.

—No puedo —susurre y la abrace más fuerte, poniendo todo mi esfuerzo en no llorar de nuevo.

—Si que podes, sabes que conocía al enano casi tanto como vos, y se que nunca hubiese querido que te culpes por nada, él te amaba más que a nadie Pau, vos eras su todo —dijo y no pude aguantar más, comencé a llorar, y los sollozos salían desde el fondo de mí— Él nunca te culparía por esto ni por nada.

No sabía lo que sentía en ese momento pero no podía dejar de llorar, tristeza, angustia y algo que no pude entender se mezclaron mientras me Zaira me dejaba llorar.

—No sé que haría sin vos —dije cuando me calmé lo suficiente.

—Yo tampoco se qué haría sin mi —reí fuerte, solo ella podía lograr eso.

—Gracias cachorra en serio —dije abrazándola de nuevo.

—No agradezcas tontita es para eso que estoy, siempre juntas —ambas sonreímos.

—Siempre juntas —concordé y fui a lavarme la cara nuevamente.

—Como sabía que iba a costarme sacarte de acá ya pedí que nos dejaran salir más temprano diciéndoles que no te sentías bien. Y antes que digas nada, les dije que tus papás no estaban en la ciudad y que llamaran a mi mamá para que venga a buscarnos así que vamos —dijo  como si no hubiera hecho nada extraordinario, pero para mi lo era, no quería preocupar a mis padres, sabía que ellos también sentían más que nunca el peso de la ausencia de Gon en estas fechas.

En ese momento se me vino una persona a la cabeza.

—Pedro —susurre preocupada, lo había dejado en el curso sin decir nada, y no tenía ni siquiera el celular conmigo.

—Tranquila yo hable con él —dijo Zai y suspire con un poco de alivio— no le dije que sospechaba lo que te pasaba, solo le dije que te sentías mal, como a todos y que te iba a llevar a mi casa, estoy segura que apenas pueda salir va ir.

—Gracias —la abracé de nuevo, porque lo que dije anteriormente era cierto, no sabía que haría sin ella.

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Tal y como Zai predijo, al medio día me llego un mensaje de Pedro diciéndome que venía para la casa de Zaira. Solo le respondí que esta bien.

Pedro sabía lo que pasó con Gon pero todavía no estaba segura de contarle mi crisis de hoy.

Unos cuantos minutos más tarde supe que llegó solo por escuchar el sonido lejano de su auto estacionándose.
No esperé a que tocará simplemente abrí la puerta, él estaba viniendo con una caja de chocolates en la mano, sonreí con ternura y él lo hizo también.

No espere un segundo más y lo abracé apenas estuvo a mi alcance, inmediatamente me abrazó también, esta vez lo abracé por la cintura y el rodeo mis hombros, me sentí protegida como si nada malo en el mundo pudiera pasarme, aunque lo hizo.

No me di cuenta que estaba llorando hasta que él se alejó un poco y al ver mi cara comenzó a limpiar mis lágrimas.

—Qué pasa mi amor? —quiso saber pero yo no podía hablar aún, negué con la cabeza y volví a enterrar mi cabeza en el hueco de su cuello— esta bien —susurro él mientras me acariciaba la espalda.

Una vez que creí recuperarme lo volví a mirar y pude ver toda las preguntas en sus ojos.

—Ya almorzaste? —preguntó y yo negué con la cabeza— qué te parece si vamos a mi casa, comemos y me contas qué esta mal?

Por mucho que no quería tener que contarle mis problemas a Pedro, sabía que tenía que hacerlo, porque si las cosas fueran al revés yo también querría saber lo que pasaba con él.

Le dije que sí, fui a decirle a Zaira y su mamá que ya estaba mejor y que iba a almorzar con Pedro, luego nos subimos al auto y nos dirigimos a su casa.

Resultó que nadie estaba en su casa en ese momento, pero Ana, la mamá de Pedro había dejado un poco de comida en el microondas.

Lo calentamos y comimos casi en silencio, solo mirándonos.

Cuando terminamos de comer y limpiar todo, la curiosidad me ganó y pedí a Pedro que nos llevará a su habitación porque nunca la había visto antes.

Cuando entramos pude ver muchas cosas que obviamente coincidían con lo que él era, cuando me senté en su cama vi que a ambos lados, en sus dos mesitas de luz había portarretratos, uno tenía una foto de toda su familia junta, y él otro era una foto nuestra, mi favorita podría decir, una que Zaira nos había quitado en algún momento en qué no nos dimos cuenta, ambos estábamos mirándonos y sonriendo, en la foto podía verse claramente lo enamorados que estábamos, sonreí y lo miré, él me sonrío de vuelta.

Me acosté de un lado de la cama y él del otro, ambos nos pusimos de costado para poder estar frente al otro.
Él quito un mechón de cabello que se me había caído en la cara, lo llevó hasta detrás de mi oreja y dejo su mano en mi mejilla, yo cerré los ojos ante el contacto y para concentrarme en poder contarle lo que me sucedió hoy de una manera que no sonará tan triste, no quería que sienta pena o algo parecido, en absoluto.

Para cuando terminé tenía lágrimas en mis ojos inevitablemente, lo que me sorprendió ver es que Pedro tenía unas cuentas en los suyos también, me acerqué más a él agarré sus mejillas y lo besé, nos besamos lento y con dulzura probando el sabor de nuestras lágrimas, consolándonos.

Nos separamos un tiempo después y el terminó de limpiar mis lágrimas.

—Nunca estuve en una posición como esa, pero Pau, puedo decirte con certeza que nada fue culpa tuya —dijo con tanta convicción que lo sentí real y aunque sabía que seguiría creyendo lo contrario por mucho tiempo más, se sintió bien escucharlo.

—Gracias —susurré y el negó con la cabeza.

—No tenes nada que agradecerme mi amor, la próxima vez que te sientas así te suplico que me digas si? Quiero estar para vos, quiero hacer todo mejor para vos —ambos sabíamos que eso no era del todo posible, pero asentí porque él siempre encontraba la manera igual.

—Te amo —dije pegando mi frente con la suya.

—Y yo te amo a vos —dijo para luego acercar sus labios a los míos una vez más.


Después de un tiempo me acomodé en su pecho y nos quedamos dormidos.

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